No crecí rodeada de grandes bibliotecas. Mi educación narrativa fue visual, fragmentaria, más cercana a la pantalla que al papel. Aprendí a leer historias antes de leer libros. Y esa forma de mirar sigue definiendo cómo escribo.
Aprender a Narrar sin Manual
Nunca fui una lectora compulsiva en el sentido clásico. No tengo una lista extensa de novelas subrayadas ni una formación académica literaria.
Mi relación con la narrativa se construyó desde otro lugar: las imágenes, los silencios largos, los personajes que no explican quiénes son pero te obligan a intuirlo.
Eso no me alejó de la escritura. La volvió más intuitiva, más corporal, menos discursiva.
Relatos de poder y linaje
Historias como Juego de Tronos o La Casa del Dragón me enseñaron que la fantasía no trata de magia, sino de herencia, traición y consecuencias.
El poder no como don, sino como carga. La sangre no como orgullo, sino como deuda.
La violencia como sistema
Los Juegos del Hambre no me impactó por su acción, sino por su estructura. Un sistema que obliga a elegir entre sobrevivir o perderse.
La violencia no necesita monstruos. Basta con reglas injustas sostenidas durante demasiado tiempo.
La bruja como figura simbólica
The Witch me enseñó que el horror no necesita sobresaltos. Necesita aislamiento, fe mal entendida y silencio acumulado.
La bruja no nace. Se construye cuando el entorno deja de permitir existir.
Lo cotidiano como refugio
Series como Valeria me recordaron algo esencial: incluso las historias íntimas, aparentemente ligeras, contienen conflictos reales cuando se las mira sin ironía.
La fragilidad no es debilidad. Es un estado honesto desde el que escribir.
Espiritualidad sin dogma
Textos de espiritualidad contemporánea —más cercanos a la reflexión que a la religión— me ayudaron a pensar el alma, el trauma y la herencia como procesos, no como castigos.
El dolor no siempre se elimina. A veces se integra.
Una Forma de Mirar
No escribo desde la erudición. Escribo desde la observación.
Mi imaginario es visual, fragmentado, más cercano a lo simbólico que a lo académico. Eso se nota en cómo construyo escenas, en lo que no explico, en lo que dejo respirar.
Conclusión
Esta no es una lista de lecturas obligatorias. Es un mapa honesto.
Mi escritura nace de imágenes, de silencios largos, de personajes que cargan más de lo que dicen. Y no necesito justificarlo.
Es simplemente la forma en que aprendí a mirar el mundo.
Este texto forma parte de los Archivos Nekari: un espacio donde el origen importa tanto como el resultado.