El segundo libro aún no está terminado. Y eso cambia por completo la forma en la que puedo hablar de él. El Sistema (Vol. II) no es una obra cerrada, sino un proceso en marcha, una estructura que todavía se está tensando.
Escribir sin mapa completo
A diferencia del primer volumen, este libro no se escribe desde la exploración, sino desde la contención. No porque el mundo sea más pequeño, sino porque las decisiones pesan más.
Hay menos espacio para el error, menos margen para la improvisación. Cada escena deja rastro. Cada silencio tiene consecuencias que aún no sé del todo cómo se desplegarán.
Cuando el sistema empieza a imponerse
En este punto del proceso, el mayor reto no es narrativo, sino estructural. El libro pide orden, pero un orden incómodo. Una lógica interna que no siempre coincide con lo que el lector —o la autora— desearía.
Escribir aquí implica escuchar cuándo la historia deja de aceptar atajos. Cuándo exige coherencia incluso a costa de la comodidad.
Personajes que todavía no se explican
Los personajes del Vol. II aún no están fijados. Se están definiendo en tiempo real, a través de decisiones pequeñas, de reacciones aparentemente secundarias.
Prefiero no nombrar lo que son, sino observar lo que hacen. Lo que callan. Lo que justifican sin darse cuenta.
Escribir desde la incomodidad
Este libro no se escribe desde la épica ni desde la revelación, sino desde una sensación persistente de incomodidad. Algo no encaja del todo, y no debería hacerlo.
Parte del trabajo consiste en no resolver esa tensión demasiado pronto. Dejar que el texto respire sin ofrecer explicaciones prematuras.
Un proceso aún abierto
El Sistema (Vol. II) sigue en construcción. Algunas decisiones ya están tomadas. Otras aún no existen.
Este artículo no pretende aclarar el libro, sino dejar constancia de un momento concreto del proceso: cuando escribir no es avanzar, sino sostener.
Este texto forma parte de los Archivos Nekari. Será revisado cuando el libro esté terminado.